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8 jul 2009

Cuando las sombras tienen sentido: los videos de Tool.

Para quien no ha comprendido aún el trabajo visual que se esconde detrás de los videos de Tool, así como el compendio de ideas fácticas de sus letras y el interés fundado en generar nuevas corrientes de escapatoria para los pensamientos estáticos, el fenómeno de ver por vez primera una de sus obras oculares puede resultar una interesante mezcla de desconcierto y escalofrío.

Sumergidos en una atmósfera de poca luminosidad y brío argumental, los videos musicales de Tool han generado gran atención en el medio artístico. Partiendo por la palpable realidad de que sus integrantes sólo aparecen en dos de ellos, el resto son una consecución de creaciones con gran imaginativa y exentos de parecido alguno con los clips que se acostumbra ver. Seres fantásticos, en su mayoría realizados con maquetas intransigentes y áureas multifacéticamente oscuras, dan vida a historias que versan en la exploración de los lados ocultos de la mente humana y lo que pueden entregar cuando son develados.

Bajo la inagotable creativa de Adam Jones, guitarrista de la agrupación, los videos que han resultado de su tutela son eventos imperdibles para quien se esmera en penetrar más y más en la música de Tool. Con ayuda de artistas plásticos de la talla de Alex Grey, el resultado ha sido pesadamente notorio en los esquemas perceptivos del hombre común. Con una reiterada técnica stop-motion, donde los personajes y contexto por medio de la captura de fotografías aparentan movilidad generando un efecto intermitentemente continuo, los videos de Tool dan a entender la temática que busca la banda al seguir esta línea tan particular de producción. Como una bofetada a la cotidianeidad del medio, las imágenes que van fluyendo hacen de estas creaciones un perfecto complemento para todo aquel que desee explorar más allá de los acordes y el Metal fino de la banda.

He aquí tres videos significativos de Tool, todos abiertos a lecturas subjetivas y con una pequeña reseña de la historia que lleva cada uno.

SOBER, 1993. Dirección: Fred Stuhrt, Diseño de modelos: Adam Jones




Una especie de hombrecillo sin textura facial definida se mueve a través de cuartos y pasillos solitarios que pretenden generar un escenario frío y perdido. En su poder, una extraña caja sin fondo que abre con gran mesura pero en donde jamás se logra ver su contenido. Lo vemos levitar sentado en una silla para luego caer, destrozándose la cabeza. A la par, seres poliformes pululan cerca mientras de las paredes pareciera emerger carne.

PRISON SEX, 1995. Dirección: Adam Jones.



Prison Sex fue un video que no estuvo falto de polémica, censurado por MTV por su poco digerible contenido. Nos muestra una especia de muñeco desmembrado que explora lo que pareciera ser su lugar de encierro. Oscilan las imágenes de un ser con mayor potestad y partícipe de la construcción del muñeco, con forma híbrida, largos dedos y de color negro. El muñeco examina los bloques que conforman el cuarto donde se encuentra, encontrando conformaciones corpóreas más extrañas aún. En una determinada escena, el ser omnipotente pisa un pequeño hombre – o lo que pareciera ser uno – totalmente desfigurado. Se destaca la aparición de una máquina que posee una suerte de parte frontal con la cara de un bebé. El video concluye con el muñeco sentenciado a quedarse en los dominios del ser oscuro, resignado a su condición.

STINKFIST, 1996. Dirección: Adam Jones.




Stinkfist, mostrado en las cadenas de televisión como “track 1” por su ofensivo nombre, es quizá uno de los videos de Tool con la interpretación más necesaria en torno a las imágenes que se presentan. Como un intento por socavar la noción de que el hombre no extiende más allá sus ansias luego de saciado su interés por algo, ya sea infuso por sus deseos más arcanos o por deseos creados por la sociedad o los medios, Stinkfist nos muestra una serie de humanos que se desprenden de partes de su cuerpo, se quitan el pellejo, consumen clavos y hacen una variedad de actos que buscan la mayor experimentación posible, algunos con dolor y otros con perturbadora tranquilidad. Se evidencia la dependencia creada por la tecnología, en un escenario potenciado con cables y un extraño brazo maquinal.

29 jun 2009

La voz discordante; Las facetas y el estilo del no-estilo de Mike Patton.


Designar a Mike Patton como un cantante más es cosa viciada. Su existencia musical ha traspasado las barreras necesarias para posarlo como un personaje único dentro de un área que no posee límites definidos y que hasta hoy se mantiene barriendo esquemas. Multifacético por antonomasia, Patton ha marcado un ícono dentro de aspectos tan divergentes como específicos. Su particular personalidad se ha transfigurado a obras que manejan una calidad tan extraña como funcional, y su versatilidad como intérprete ha arraigado seguidores que, por muy poco que comprendan las fronteras de su dominio en la música, saben a ciencia cierta que no existe atisbo alguno de detenerse en su labor arquitectónica de composición extravagantemente sincera.

Con apenas 17 años su capacidad en la voz no dio pie para contenerse en el silencio y fundó, con un extraño paralelismo entre lo absurdo y lo acabado, la banda de culto conocida como Mr. Bungle. Con una fusión a ratos desconcertante entre sonidos tan diversos como el Heavy Metal y el Jazz, Mr. Bungle fue aliado necesario para que Patton pudiera sentar confianza en la interpretación vocal que él requería oportuna. El pack que ofrecía incluía desde gritos expandidos hasta tonos sostenidos, con una profundidad gutural que haría examinar nuevamente lo que el Rock Alternativo significaba. Cortes inesperados arrinconados del poder incondicional del Metal eran acompañados de esquemas casi circenses, con una cuota de Ska notoria y con un Swing demasiado ajeno pero a la vez cercano con el concepto Bungle. Es en este período, comprendido entre 1985 y 1989, donde Mike Patton dedica sus esfuerzos a implementar un sonido propio y exento de un solo estilo. Ya entrados los noventa, el atípico vocalista se encontraría en comunión con una nueva agrupación que vio en él la voz necesaria para soportar los decibeles que darían existencia a una de las bandas más simbólicas de la década: Faith No More.



Faith No More - Midlife Crisis Live.

Fundado en 1981, Faith No More no contó desde un principio con Patton como el encargado de vocalizar al grupo. En efecto, el californiano vino a reemplazar al ya decaído Chuck Mosely, quien simplemente no podía seguir el hilo interpretativo buscado por el resto de los integrantes. Es así como en 1989 adquiere el protagonismo y penetra con soltura a las filas de Faith para convertirse en el encargado de hacer expandir la banda hacia latitudes donde la atención del público fuera innegable, gestionando letras que luego se convertirían en éxitos alrededor de todo Estados Unidos y el globo. Para este punto, Patton había “regularizado” su glosa para enmarcarla en canciones que no tuvieran tanta rareza, asumiendo que la agrupación tenía que internarse en los caminos del Hard Rock sin la ayuda de un ruido afinadamente exagerado. Empero, su intensidad no guardaría reposo pues, desde un principio, el poder seguir empleando tiempo en Mr. Bungle había sido expuesto con transparencia al ingresar a Faith No More.

Así, en un constante ir y venir entre la libertad aparente de Mr. Bungle, repleta de alaridos y fustigante sonido, y Faith No More, con un aire un tanto más comercial y con composiciones más entendibles, Patton no pararía de ejercitar su única y potencial voz logrando nuevos tonos para los desafíos que el mismo se imponía. Por sentar un ejemplo, “I Started a Joke”, un cover de los Bee Gees lanzado como bonus track en el disco King for a Day… Fool for a Lifetime de Faith No More, evidenciaría el considerable talante del artista para interpretar canciones con una línea melódica más suave y armónica, con escalas y un falsete mucho más digeribles que los que acostumbraba a realizar. Mas su gran pasión por el Noise y la búsqueda de nuevas creaciones basadas en la discordia no pararían y, terminado el ciclo con Faith No More, erigiría un nuevo boceto musical conocido como Fantômas.

Fantômas, con Dave Lombardo de Slayer en batería, sería locuazmente voraz. El primer disco homónimo no contendría ninguna canción más allá de dos minutos y ninguna letra con sentido alguno. Nuevamente, el albedrío se haría latente y el desconcierto en las presentaciones en vivo un halo difícil de no percibir. Pero esto, como en todos sus proyectos, no le importunaría en lo absoluto. Seguiría adelante con Fantômas - con una presentación en el Montreux Jazz Festival - y en el 2001 no sentiría problemas para formar Tomahawk, un grupo de Metal curioso en todas sus formas. Con la mesa de mezcla como protagonista (mesa de mezcla que venía estando presente desde hace bastante tiempo, sobre todo con Fantômas), Patton rugiría de manera literal, tomando como punto de partida bases de Trip Hop que obligarían a sustentar un nuevo concepto de Rock Experimental.




Tomahawk - God Hates a Coward.

A esta altura, hablar de Mike Patton homologaba hablar de incansable tentativa. La gama de corrientes en las que había participado era absolutamente avasalladora. Luego, en los albores del 2006 concreta una nueva formación, Peeping Tom, mucho más anodina que las anteriores y con aires de Pop underground. Comparte escenarios con varios artistas de la escena del rap y saca a emisión video clips con mayor producción. Sin ocultar su fanatismo por la música italiana, da vida al año siguiente al proyecto Mondo Cane, rescatando un Jazz europeo muy circunscrito de mediados del siglo pasado, tocando con orquestas y presentando un poco más de formalidad.

En otras áreas, Mike Patton ha encontrado cabida en bandas sonoras y producciones de cine, siendo el autor de la música de un vertiginoso film llamado Crank (2006) y A Perfect Place (2008). Produjo a su vez los alaridos fatales de los contagiados de I Am a Legend (2007) y ayudó en la vocalización de video-juegos. Cooperó con Zu, banda italiana sumamente difícil de definir, mostrando nuevamente en conciertos que el grito también puede formar parte de la música. Act
ualmente y para el deleite de muchos, se ha reunido con la última formación de Faith No More y prepara un tour que busca revivir la otrora gran influencia del grupo norteamericano.

En suma, no hay conclusión aparente para la carrera de Patton. No hay cause por el cual enmarcarlo ni estilo que pueda acercársele. Lo irrefutable de su condición es la cualidad inherente de una voz preciada y para nada frágil, que le ha dado la oportunidad como a pocos de hacer lo que se le plazca con ella. Interesante y enigmático, Mike Patton es experimentación en su forma más natural. Anarquistamente musical, forma parte del salón histórico de aquellos que, conscientes de su talento, no se dejan llevar por la masificación y buscan, en primer término, realizar lo que ellos estimen conveniente, generando nuevos paradigmas en el continuo devenir de la música.